Planificación
de las actividades
Antes
de cada periodo de planificación de actividades han
de plantearse dos cuestiones:
-"¿Cuanto tiempo disponible tengo?"
-"¿Cómo debería utilizarlo?"
De esta manera nos aseguramos que la planificación
del tiempo apunta a la consecución de objetivos.
De todas maneras, la fase previa a la planificación
consistirá en darse cuenta de como se suelen hacer
las cosas de manera continuada, qué las provoca y
cómo se resuelven. No hay mejora posible si previamente
no se ha logrado una visión más realista de
cómo utilizar el tiempo. Partiendo de lo que se hace
en el momento presente se puede diagnosticar los puntos
fuertes y débiles de la actual gestión de
nuestro tiempo.
Se debe comenzar analizando las actividades que se realizan
de manera cotidiana y tomando en cuenta el tiempo transcurrido.
Atendamos a:
- Cuáles son las tareas más productivas y
el tiempo empleado en realizarlas.
- Cuáles son las tareas menos productivas y el tiempo
empleado en realizarlas.
- Cual es la relación existente entre las tareas
que al final resultan productivas y las que al final no
resultan productivas.
- Cual es la duración del tiempo desperdiciado al
día (dejadez, pereza, interrupciones, falta de concentración,...).
- Cuáles son las tareas que no han sido evaluadas
de manera cercana con respecto a su eficacia.
Al igual que analizamos las actividades que se realizan
de manera cotidiana, debemos analizar aquellas que se realizan
de manera excepcional o esporádica. Atendemos a:
-Qué cantidad de tiempo se ha dedicado a la mejora
y al cambio. Tener en cuenta si esta tarea esporádica
o excepcional estaba previamente planificada.
- Qué cantidad de tiempo se ha dedicado a la administración
del trabajo y a las cuestiones urgentes.
- Cuáles son las proporciones entre la administración
del trabajo y la resolución de urgencias.
- Cuáles son los objetivos de proyección,
si son claros y cuantificables.
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